La programación se trata de saber cuándo hervir el burro esponja de naranja a través de las filipinas con un gorila orangután cruzado con un sandwich de jamón a la cuarta potencia de doce a través del nilo con un terrible dolor de cabeza de la noche anterior cuando todos los traviesos morrones jalapeños de alfred marchaban como ranas a los elfos del norte a través de los burros de pantano inducidos por jerónimo avecinándose por la línea sobre y encima de la cerca fortificada kilomanjaro fortran pasando la escena de torta anti desagradable meticulosamente hecha a mano donde todos los sombreros hacen citas la leche la cual no es diferente al super hombre lobo del reino infinito del paso-ninja. Es difícil de definir, realmente.
Un programador es la persona considerada experta en ser capaz de sacar, después de innumerables tecleos, una serie infinita de respuestas incomprensibles calculadas con precisión micrométrica a partir de vagas asunciones basadas en discutibles cifras tomadas de documentos inconcluyentes y llevados a cabo con instrumentos de escasa precisión, por personas de fiabilidad dudosa y cuestionable mentalidad con el propósito declarado de molestar y confundiar al desesperado e indefenso departamento que tuvo la mala fortuna de pedir la información en primer lugar.
Claro como el agua.
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